Mateo Villalba
El 21 de Septiembre, la primavera llega con sus matices y su apacible clima y trayendo al mundo, ese día – desde Curuzú Cuatiá, provincia de Corrientes – a Mateo Villalba “Guitarra emblemática del Chamamé” que con sus melodías y acordes nos develan a una niñez impregnada de Música representativa de nuestro Litoral. Su infancia y sus comienzos con la Música. De sus antecedentes musicales vía familiar recuerda por una parte y con nostalgia, a su madre que en ocasiones la escuchaba – quien sabe si pensativa recordando hechos pasados – tocando la armónica. Su padre trabajaba de casero en el club más grande de Curuzú, precisamente llamado “Club Curuzú”, en el cual pasaba muchas horas de su infancia allí. Al ser el club punto de reunión había mucha vida social y era muy convocante, la Música en todo momento estaba, por lo que, en cada juntada musical Mateo se hallaba siempre presente, con todos sus sentidos expectantes. Uno de esos días, nos relata Villalba, apareció un señor muy elegante, paraguayo, acompañado por dos guitarreros y un arpa, Carlos Peralta era el nombre de este músico quien tocó por esos días en las instalaciones del club. Era esta, la primera vez que Mateo veía un arpa en “toda su intensidad” y esa imagen fue la que le pegó en el pecho y la que provocó “El Enamoramiento” más frontal que lo convirtió en músico con sus 11 años. Alrededor de los 14 años su hermano que era mayor se compró una guitarra y comenzó a estudiar, Mateo solía acompañarlo a las clases y observaba, como quien espera atento su turno, para sacar sus propios sonidos cuando le prestaran el instrumento. Su Guitarra y La Ciudad. Hasta los 20 años no pudo comprarse una guitarra y la primera que llegó a sus manos fue en Buenos Aires – luego de un franco de la colimba – cuando un amigo se la obsequia; ese fue el comienzo de muchas cosas, de vivir a la Capital como un lugar donde había mucho por aprender y mucho por hacer, notó que este era su lugar y que no era el momento de volver. Así fue que aquí comenzó a estudiar, a instruirse. Su primera academia de estudios a la que asistió fue la de Hector Ayala. Comenzó a trabajar como músico sesionista, para ese entonces su tarea diaria grabando era muy vasta, era un buen trabajo, la Música argentina era reconocida y había mucha actividad, eso le abrió un camino enorme del conocimiento abarcando repertorios desde folklore hasta jazz, Música ciudadana, Música clásica, ritmos latinoamericanos. Trabajó con Nati Mistral (cantante española enamorada de América y la Música Latinoamericana) y Fetiche (cantante peruana de boleros), entre otras. Siempre tuvo la impresión de que la guitarra en el Chamamé estuvo marginada, que era tomado como un instrumento básico, no como protagonista, ese hecho fue el que lo hace proyectar junto con la Editorial Korn un material en el cual queden grabados los clásicos del repertorio chamamecero. El camino fue arduo, la editora se apartó del proyecto. Comenzaba la década del 80, hasta que la idea después de patear sobrado, toma interés y se concreta, en lo que fue su primer disco “La guitarra del Chamamé” (Incluye kilometro 11, Merceditas y obras de su autoría), este material armó un gran revuelo debido a que los ortodoxos no lo terminaban de aceptar, pero este paso fue fundamental porque la discusión lo puso en otro lugar, digamos dió que hablar. Luego surgieron otras propuestas pero lo importante fue que, gratamente para la guitarra, fue aceptada y el corolario de esta situación se evidenció cuando la colección guitarras del mundo, 2003 (EPSA Music) le edita un disco “Mbaracá”, a partir de allí ya Mateo puede quedarse tranquilo de que su esfuerzo había llegado a lo máximo. Acerca de la Interpretación. Cada tema tiene – explica Mateo – un tratamiento distinto, porque cada uno propone algo, cosas distintas. Con cada interpretación él intenta meterse en la piel de cada compositor recreando las obras, manteniendo la esencia que el creador quiso expresar sin modificar lo más característico de la pieza musical. La persona notable. Una persona que lo ayudó mucho fue “Chacho Santa Cruz”, persona noble con quien anduvo caminos, pudieron componer juntos y compartir momentos. En su reciente trabajo lo rescata en una obra que “el Chacho” le dedicara a su provincia, “Litoral de mi ausencia” (Grabada en 1975). Festival nacional del chamamé. Manifiesta que le parece impresionante tocar allí, en aquel lugar en el que se encuentran mas de 15 mil personas ocupando un espacio para observarlo, es por esta razón que le resulta difícil sentarse al frente con una viola y crear un clima, pero que el producto es espléndido y rescata, que lo mejor de este Festival es que solo se escucha Chamamé.
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